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Relato: Vuelta

Relato: Vuelta

Continuamos con la recopilación de algunos de los relatos finalistas de nuestro I Certamen literario "Pequeño Tolkien". Su autora es Luz Pastor de 2º de E.S.O. del I.E.S. "Sierra del Valle", La Adrada (Ávila).

 

VUELTA

 

Las piedras se me clavan en los pies descalzos, me cuesta respirar, una gota de sudor resbala por mi frente. Solo escucho el sonido de mi corazón acelerado de tanto correr, pero sé que me siguen y que no puedo parar.
He tropezado con una piedra, es el fin. En ese momento me desmayo. Cuando despierto no quiero abrir los ojos, no estoy sobre piedras y palos y sé que es porque me han atrapado. Entonces oigo una voz, no es una voz áspera, si no alegre, suave. De pronto escucho un grito ahogado y luego una voz como la anterior, hablan en un idioma raro, pero no suena fuerte ni torpe, la segunda voz me resulta familiar, pero sé que no puede ser ella. Ella me abandonó, nos abandonó. Pero yo sé que me quería y que se fue porque la obligaron, eso me dijo mi padre, al principio yo no me lo creía y robé la carta que le escribió. La he leído muchas veces pero siempre creí que lo que escribió era falso, me he tenido que convencer a mi misma de que no es así.


Noto un golpe en el hombro y me acuerdo de donde estoy, tengo que abrir los ojos .
Cuando reúno el valor los abro. Son elfos, estoy a salvo. Me intento incorporar pero no puedo una elfa se lanza a mis brazos repitiendo: “yo no quería, yo no quería.”
cuando por fin me suelta me doy cuenta de que es mi madre. Hace muchos años que no la veo, casi se me había olvidado lo guapa que era, pero ahora que la tengo delante sé que es ella. Tantos años sin saber por qué partió y ahora lo entiendo. Antes quería información y ahora tengo demasiada.

Mi madre me cuenta por qué se tuvo que ir, luego me lleva a su casa. Me da de comer y me proporciona ropa, me dice que tengo que hablar con Légolas, el rey de los Elfos, que me dé prisa. Y me promete que no se volverá a separar de mí.

Légolas me espera en el palacio. Cuando entro está de espaldas, observando su reino desde su magnífico balcón. Se vuelve y me dice: “ Necesito tu ayuda. Los orcos quieren atacar, y no solo a los Elfos sino a toda la Tierra Media. Tienes que encontrar a Golum, él tiene información para acabar con los orcos.”
Es demasiado responsabilidad, no sé qué decir. Ve mi cara de preocupación y entonces dice:
“ No tienes que ir sola, vas a ir con un Elfo y con un Hobbit. Pero no mucha gente quiere ir a esta misión.” En ese momento apareció alguien a mi lado.
Él era moreno, no como la mayoría de los Elfos, tenía los ojos azules, la piel no era tan clara, era más parecida a la mía. No parecía un Elfo.
Entonces Légolas dijo algo y yo volví a la normalidad.
Iríamos con un Hobbit hijo de un tal Sam. Nos dice que su padre viajó con Frodo y que sabe muchas historias. Nos cuenta que a la mañana siguiente debemos partir.
Estuve hablando con el Elfo un rato y me enteré que era Pímentor, hijo de Áragorn, el rey de los humanos, aunque ahora solo quedan leyendas suyas, en las que dicen que renunció a su trono por una Elfa.


Cuando le cuento a mi madre el plan de Légolas se echa a llorar. Me da un collar con una lágrima de cristal, me dice que él me protegerá y pronto volveré con ella. Luego me da un abrazo y me susurra al oído “Te quiero”. Me da ropa y un arco que antaño ella usó.

Antes de irnos Légolas nos dice dónde se encuentra Golum, pero nos avisa que también allí hay Orcos vigilando. Tendremos que luchar contra ellos. Será un largo camino.
Entonces pienso que sólo necesitaré el arco, una muda y algo de comida, e incluso una espada. Légolas nos da dos caballos y dos ponies, nos dice que vamos a tardar seis días si vamos a buen paso. Con lágrimas en los ojos empezamos nuestra aventura.

En el camino conozco al hijo de Sam, es una persona simpática y dispuesta a sacrificarse por cualquier persona. Después de diez horas cabalgando, paramos a comer. Es un sitio bonito lleno de hierba y árboles, estamos un poco alejados del camino pero lo suficiente como para verlo sin ser vistos. El hijo de Áragon propone que a partir de ahora cabalguemos a una cierta distancia del camino para no despertar sospechas. Decidimos seguir por una senda paralela al camino.

Cuando por fin se hace de noche después de tanto cabalgar acordamos parar a cenar y dormir. Propuse hacer guardia, y me ofrecí a hacer la primera. Durante la noche me pongo a recordar las historias que me contaba mi madre, y pienso en cómo Golum pudo escapar, si se cayó en un río de lava. Metida en estos pensamientos, Bil (diminutivo de Bilbo), el hijo de Sam, se despierta y se acerca a mí. Comenzamos a charlar y poco a poco fui compartiendo con él mis miedos. A medianoche el cansancio pudo dominarme y me quedo profundamente dormida.
Cuando me despierto Bil está dormido y Pímentor, hijo de Áragon haciendo guardia. Decido buscar un río para coger agua. Necesito lavarme la cara para despejarme de tanto cabalgar . El río no se encuentra muy lejos y cuando por fín estoy sola es cuando echo de menos a mi madre, y pienso en cómo se puede echar de menos a una persona que pensabas que no te quería.
En cuanto acabamos nos ponemos en marcha. Cabalgamos durante toda la mañana y al mediodía decidimos parar a comer. El resto de jornada lo hacemos a pie para no cansar tanto a los caballos, que además de nuestro peso tienen que llevar las provisiones.
Llevamos dos días cabalgando y caminando, todavía nos queda mucho camino por recorrer.
Mis compañeros son simpáticos y agradables, pero creo que ellos no me ven igual a mi, a pesar de que solo somos tres siento que hay poca comunicación, no entre ellos, es como si yo no encajara, puede ser porque soy una chica, aunque no creo, seguro que es porque sienten que estoy distante y no expreso mis pensamientos. Ha sido demasiada emoción encontrar a mi madre después de tanto tiempo y una decepción separarme de ella, estado poco tiempo junto a ella pero he pasado mucho más, toda mi infancia:cundo necesitaba su ayuda no estaba y mi padre trabajaba demasiado. Me he criado sola y puede que por eso ellos crean que voy por mi cuenta aunque no sea así, nunca se me ha dado bien hacer amigos y cuando los hacia y les decía que yo no tenía madre y que mi padre nunca estaba osea que vivía sola se iban, espero que a ellos no les pase lo mismo porque vamos a convivir juntos durante unos días. Hoy estoy cansada y puede que por eso a lo mejor les haya hablado mal y por eso me dejen al margen, aunque tenga la sensación de que a veces cuando les hablé, en ocasiones, me llegan a temer. Pero ahora debo descansar, he tenido demasiadas emociones en muy poco tiempo y mi cerebro no da más a basto.

Me he despertado y los chicos ya lo tenían todo listo, así que he desayunado lo más rápido posible, y preparado para irnos cuanto antes. Estamos en un lugar pantanoso pero no sé exactamente dónde. El paisaje es muy hermoso, los árboles parecen llorar. En ocasiones me gustaría estar en su lugar para poder desahogarme y dejar de pensar en mi madre o pensar en ella sin recordar que no se ha preocupado todos estos años por interesarse de cómo estaba y con el peso de saber que la odiaría y la buscaría por abandonarme. Estoy nerviosa. Necesito mover las piernas, ellos ven que me bajo del caballo y me imitan. Cojo a mi caballo y sigo andando. Van pasando las horas, ya no sé ni por dónde vamos. Comienza a anochecer, me subo al caballo con la intención de seguir unas horas más, necesitamos recorrer más terreno si queremos llegar antes de seis días.
Cuanto antes lleguemos, antes volveremos y antes veré a mi madre, la quiero y quiero estar con ella, quiero volver a verla y pasar con ella el tiempo que no pude pasar cuando era niña, la necesito aunque no mas que cuando me abandonó. Ahora es diferente, la necesito de otra forma, ella ya me ha perdonado y yo también a ella, me quiere y lo sé. Ensimismada en mis pensamientos, veo que
está amaneciendo, llevamos toda la noche cabalgando, no puede ser. Tengo hambre. Es probable que hayamos adelantado un día, pero esta noche tendremos que dormir más. Decidimos seguir andando hasta que se ponga el sol de nuevo, de esta manera sacaremos beneficio por no haber dormido.
A media tarde llegamos a un sitio muy bonito. He decidido parar a comer. Tengo sueño, pero no puedo parar a dormir, hay que seguir. Mi padre me habría animado a seguir, tengo que llegar hasta Golum, tengo que volver con mi madre. Mientras comemos pienso en mis padres. Ellos están hablando, pero yo no oigo lo que dicen cuando dejo de pensar en mis padres casi he acabado de comer. Capto algo de su conversación pero no es interesante a si que guardo las cosas que utilizado en la comida y dejo que ellos acaben de recoger, no tengo ganas de seguir pero voy a hacerlo y voy a llevar a Golum ante Légolas, y voy a tener que trabajar, luchar y ganarme la amistad de mis compañeros, y pronto amigos.

No podemos perder tiempo así que me monto en el caballo y nos vamos.
Llevamos cuatro días cabalgando y una noche sin dormir , merecemos descansar
Ha empezado a anochecer pero decido seguir hasta encontrar un sitio más apacible y al mismo tiempo más oculto. A la media hora, por fin conseguimos llegar a un lugarseguro. Nos instalamos, casi no sentía las piernas. Cuando miro a mi alrededor un árbol llama mi atención, me acerco a él. Está hueco, creo que voy a dormir aquí, necesito sentirme segura y protegida. Salgo fuera, veo que Bil está dormido encima del pony, de lo cansado que estaba no ha podido ni descabalgar. ¡Pobrecillo!, no nos habíamos dado cuenta de lo cansados que estábamos.
Pímentor, hijo de Áragorn se ha ido, supongo que a buscar agua. Me vuelvo a meter en el árbol y me duermo.
A la mañana siguiente cuando me despierto Bil no está. Según Pímentor, hijo de Áragorn se ha ido a por agua. Entonces me susurra: “ Tengo decirte algo”. Yo, que estoy buscando algo de comida en mi caballo, me doy la vuelta. Veo que está muy cerca. Me dice en voz baja: “ Te quiero” y me besa. Yo sin pensarlo le sostengo el beso y nos besamos.
He oído un silbido, me separo de él lo antes posible y entonces me doy la vuelta. Veo a Bil silbando con una calabaza llena de agua en la mano. Nos mira y nos dice: “Por mí no os preocupéis que no miro”. Entonces me río, llevo mucho tiempo intentando reírme y dejar la tensión de mi cuerpo y Bil lo ha conseguido. Es lo único que podía pedir. Ahora ya no me ven como una jefa y creo que eso es una misión conseguida.


Necesito parar llevamos muchas horas cabalgando y tengo hambre. El sol está bajo va a anochecer pronto. Ya veo la torre donde Golum está encerrado. Hemos decidido dormir y mañana nos acercaremos más a la Torre, pero no tanto como para que nos vean. Hoy me he despertado antes del amanecer, me sentía inquieta. Cojo mi traje y mi arco y me visto para la guerra. En ese momento, Pimentor, hijo de Áragorn se despierta, se acerca a mí y me vuelve a besar. Me separo de él, pero acto seguido me acerco a él y le abrazo. Es una situación extraña. Me siento incómoda.
A la hora, estamos los tres listos para luchar. Yo he cogido una espada aunque no sepa manejarla muy bien, pero sé que la voy a utilizar de todas formas.
Creo que esta es una buena distancia para dejar los caballos, los orcos no los pueden ver y nosotros tenemos que andar menos. Aunque todavía nos queda bastante recorrido. Estoy lista. Estoy andando.
Cuando por fin llegamos veo que la entrada está llena de orcos. No me importa. Quiero volver con mi madre. Salimos de entre los árboles y los orcos corren hacia nosotros.
Lucho, lucho por que lo necesito. Cuando creo que por fin hemos matado al último orco, miro hacia atrás y veo que se levanta uno detrás de Bil. Grito su nombre, aunque sé que es tarde. Veo la espada atravesándole la espalda, chorreando sangre y saliéndole por la tripa. Estoy llorando. Lo sé. Corro hacia él, está en el suelo. Saco la espada y mato al orco. Susurro en el oído de Bil; “ Gracias”. Está muerto y lo sé. Pero también sé que me escucha. Me doy la vuelta y corro hacia la puerta de la torre. Pimentor, hijo de Áragorn me sigue, pero le grito que coja el cuerpo de Bil y lo lleve a los caballos. Yo puedo sola. Él obedece y yo desaparezco escaleras arriba, matando a todo orco que se cruza en mi camino.
Cuando llego arriba a la última celda de todas, abro la puerta y veo a Golum. Le agarro como puedo y le grito: “ Hoy ha muerto una gran persona por culpa tuya. Así que ahora tú me vas a obedecer.”
Debo parecer una loca, llena de sangre, con los ojos llorosos con una espada también llena de sangre y dando voces. Por eso obedece y me sigue aunque yo no le suelto. Mientras bajo las escaleras cojo cuerda para atársela y que no se escape, aunque sé que no lo va a hacer.

Estoy en el campamento, bebo agua y dejo a Golum a cargo del hijo de Áragorn. Busco un río y me baño, como si el agua pudiera limpiar las heridas de mi alma. Me sienta bien. Vuelvo al campamento y me duermo.


Seis días después nos encontramos entrando en el reino de los Elfos. Légolas nos está esperando. Le llevo a Golum y me voy. No quiero escuchar cómo murió Bil, ya tengo bastante con haberlo visto.
He vuelto a casa de mi madre. La abrazo. Siempre soñé con este momento cuando era niña. Ya por la noche me duermo sabiendo que mi madre me va a proteger.
A medianoche me despierto al oír golpes en una puerta. Estoy en casa, a salvo. Respiro tranquila. De repente, escucho que la puerta se cae abajo. Me sobresalto. No, no pudo ser un sueño. Pero no lo pienso más, cojo mi capa para no tener frío, salto por la ventana y corro. Las piedras se me clavan en los pies descalzos, me cuesta respirar, de repente una gota de sudor resbala por mi frente . Solo escucho el sonido de mi corazón acelerado de tanto correr, pero sé que me siguen y que no puedo parar. He tropezado con una piedra, es el fin.

 

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